37. SAN MILLÁN DE LA COGOLLA. MONASTERIO

San Millán de la Cogolla (evolución del latín AEMILIANUS o EMILIANO y CUCULLA: “cima de monte”) es un municipio situado al norte de la Sierra de la Demanda, entre la Meseta y el Valle del Ebro, a la izquierda del río Cárdenas y perteneciente a la comunidad autónoma de La Rioja, tiene 244 habitantes, está a 728 mts. de altitud y a 39 km. de la capital, Logroño. Tiene cuatro barrios: Santurde, Barrionuevo, Prestiño y Lugar del Río.

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Vista de San Millán de la Cogolla. – Ambiesta de San Millán d´a Cocolla.

El mayor atractivo de San Millán son sus dos monasterios, Suso y Yuso, los dos declarados Patrimonio de la Humanidad por su extraordinaria riqueza arquitectónica y cultural. Emiliano, conocido hoy como Millán, fue un pastor nacido en Berceo en el año 473, eremita discípulo de San Felices, el de Haro. Aunque hay teorías que lo hacen nacer en el actual Aragón, confirmadas en la crónica de San Braulio –obispo de Zaragoza-, que dice que su villa de origen, “Berceum”, estaba en la diócesis de Tarazona; lo que les hace afirmar como su nacimiento el pueblo de Berdejo o, según tradición local, el pueblo vecino de Torrelapaja.

Muere en 574 y es enterrado en Suso, el cenobio de arriba. La cueva se convierte en ermita; y la ermita, con el tiempo, en Iglesia y pequeño monasterio permaneciendo fiel a la tradición: regla mozárabe y comunidad masculina y femenina; acoge el sepulcro de San Millán. A mitad del siglo VII, San Braulio, obispo de Zaragoza, con testimonios de sus discípulos, escribe la “Vida de San Millán”. Es el primer santo “propio”, el primer patrón de España.

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Monasterio de Suso. — Susano.

En el monasterio de Suso están enterrados también infantes y reinas de Navarra.

Cuenta la leyenda que el rey D. García el de Nájera, ordenó el traslado de los restos del

Santo al de Santa María la Real de Nájera. Quienes portaban la arqueta, al llegar al valle, quedaron clavados en el suelo, lo que fue interpretado como voluntad del santo de no abandonar su valle, así que el rey mandó construir en ese lugar otro monasterio, al que llaman Yuso, el de abajo, construido en 1067;, es conocido ahora como “El Escorial de la Rioja”, tuvo comunidad benedictina de monjes, con casa principal; fue reedificado por completo en el siglo XVI y está compuesto por varios edificios, entre los que hay que resaltar el altar mayor y la fachada mayor del convento. Guarda una un tesoro de valiosos códices y una biblioteca con extraordinarios ejemplares.

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Monasterio de Yuso. — Chusano.

En San Millán también nacieron, en el siglo XI, los primeros escritos en castellano y alguno en vascuence -según la versión oficial-  conocidos como “Glosas Emilianenses”.

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Recuerdo castellano de las “Glosas Emilianenses”. — Subenir castellán d´as Glosas.

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Recuerdo vasco de las “Glosas Emilianenses”. — Subenir uskaldún d´as Glosas.

La realidad es la siguiente:

El primer testimonio de una lengua romance en la Península Ibérica son las llamadas “Glosas Emilianenses”, que datan del año 977. Según el filólogo D. Ramón Menéndez Pidal en Orígenes del español: Estado lingüístico de la Península Ibérica hasta el siglo XI, 6ª edición, Madrid, Espasa Calpe, 1969), estas Glosas están transidas por aragonesismos; pues resulta que -aunque es solamente un conjunto de algunas palabras y frases sueltas y algún párrafo no muy extenso- se ve claramente que esa lengua no es el castellano, sino el aragonés (representante moderno del romance navarro-aragonés medieval), que abarcaba el Norte de Aragón y gran parte de Navarra y la Rioja.

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En navarro-aragonés. — En nabarraragonés.

Según Rafael Lapesa en Historia de la Lengua española, Madrid, Gredos, 1985, 4ª reimpresión, pp.157-193 incluído mapa, las “Glosas Emilianenses” son escritas en “navarro-aragonés”, siendo a partir del siglo XI cuando se castellanizó la Rioja occidental y el siglo XIII la oriental En los siglos XIV y XV se castellanizó Navarra, y en el último tercio del siglo XV hasta el XIX (realmente hasta nuestros días) las áreas urbanas y las zonas meridionales y centrales de Aragón.

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En la revista Fuellas. — En as Fuellas.

Uno de los últimos libros editados con análisis y estudios sobre “Las Glosas Emilianenses” es el de: Wolf, Heinz-Jürgen, Glosas Emilianenses, (Romanistik in Geschichte und Gegenwart; Band 26) Hamburg, Helmut Buske Verlag, 1991.

Entre otras muchas cosas dice: “Las glosas no tienen ni una sola forma lingüística específica del castellano, ni son riojanas: sólo unas características. Si se quiere poner un orden de lengua según criterios lingüísticos, es necesario acumularlos al espacio navarro-aragonés. Todas las características, se encuentran en el aragonés antiguo y todavía hoy se comprueban en dialectos de alejadas zonas altoaragonesas.”.

El eminente filólogo Francho Nagore Laín  en “Mil (y pico) añadas de fabla aragonesa (arrebol de as “Glosas Emilianenses”)”, de la revista Fuellas, 16/93, 16-19. ) comenta entre otras cosas interesantes que las Glosas Emilianenses -siglo X- son el primer testimonio escrito de la lengua aragonesa -también denominada navarraragonesa en su etapa medieval. Esta afirmación es contraria a la que se opone a la que considera dichas glosas como castellanas, y está reafirmada en el análisis lingüístico, en los que muchos de los rasgos son claramente aragoneses. Es el caso de -it- resultante de -ct- (muito, feito), de la diptongación ante yod (uellos, tiengo), o de algunas formas verbales -como las del verbo “ser”- y léxicas.

Las fiestas locales de San Millán son las siguientes:

Romería al Monasterio de Valvanera (domingo de Pentecostés), patrona de La Rioja.

Romería a la “Cueva del Santo” (tercer sábado de junio) para solicitar la ayuda de San Millán.

Romería a la Virgen del Carmen (16 de julio) en Lugar del Río.

Fiesta de “La Translación” (27 de septiembre) que conmemora el traslado de los restos de San Millán.

San Millán y Santa Gertrudis (12 y 17 de noviembre), patrones del pueblo.

Hasta hace unos años en la romería a la ermita del santo iban sentados en caballerías. A la vuelta, antes de preparar la comida, hacían un acto muy antiguo, el “sermón de San Miguel”; un hombre montado a caballo contaba pasajes de la vida de San Millán. Este sermón hermana la cultura oral con la escrita, con formas juglarescas.

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“Carape”, el último juglar de San Millán, en la romería dando el sermón de San Miguel. –Lo zaguer chuglar de San Millán, en plenero pedrique de San Miguel.

Existe una leyenda sobre las vacas que bajaban a beber agua del Ebro. Era común entre los pueblos un pacto, en el que los ganados de cada pueblo podían pastar en los comunales “de sol a sol”, nunca por la noche. El derecho de bajada hasta la ribera del Ebro se estableció en el siglo XII. Queda el recuerdo de camino ganadero en la palabra “pasada”. Recuerdos o leyendas como éstas:

“Una vaca debaja a su ternero y bajaba todos los días a beber agua del Ebro. Esta vaca podía ser de Hornillos o de Santa Marina”.

“Una punta de chivos bajó desde Santa Marina hasta Arrabal y regresó el mismo día. Desde entonces los vecinos tienen derecho a disfrutar de los pastos de Arrabal y del agua del Ebro”.

 

Después de la conquista de Nájera en 923, el rey de Navarra hace crear los monasterios de San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla. Éste último es clave en la política de organización, control y repoblación de esta zona riojana.

Resumen una curiosidad histórica que relaciona el monasterio de San Millán de la Cogolla y el puente sobre el Ebro en Zaragoza, según el libro “La peripecia del puente de Piedra de Zaragoza durante la Edad Media” de María Teresa Iranzo Muñio:

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Portada del libro. — Portalada d´o libro.

“San Millán tenía ciertos derechos sobre el puente de Zaragoza, seguramente como resultado de una donación de Alfonso I en la época en que controlaba esos territorios de la Rioja y Castilla o de Alfonso VII de Castilla cuando ejerció su protectorado sobre la ciudad del Ebro, de modo que los monjes obtenían los beneficios del peaje del puente, a cambio, el monasterio de San Millán se comprometía a facilitar cada año veinte grandes vigas de la madera de sus bosques para las reparaciones de la alcántara, las cuales debía transportar hasta Zaragoza a su cargo aprovechando el fluir del río. Además, corría con los gastos de mantenimiento habitual de la pasarela de madera y hierro que conformaba la estructura del puente. Era obligación de San Millán asumir los costes del material de la reparación, la madera, mientras que el concejo corría con los gastos de la ejecución del arreglo.

 

En marzo de 1187, Alfonso II puso fin, mediante una sentencia real, al pleito existente desde antiguo, entre el concejo de Zaragoza y el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla por las detracciones que los zaragozanos hacían al cenobio de las heredades y rentas que pertenecían al puente. Mediante este pacto –el concejo como testigo- el rey reconoció a San Millán la propiedad del puente y de todas sus heredades y se comprometió a que esa donación estuviera a salvo y asegurada, añadiendo una cláusula por la que se impedía al monasterio que vendiera o enajenase las posesiones de la alcántara sin el permiso previo del gobierno de la ciudad, es decir del concejo.

Lo curioso del caso es que poco después de suscribir este acuerdo, el puente cambió de propietario. En noviembre de 1188 el mismo Alfonso II revocó su anterior decisión y entregó la obra del puente de Zaragoza a La Seo con la condición expresa de un compromiso de edificarlo en piedra en el plazo de veinte años, por la siguiente razón: “sobre el río Ebro hay un puente de madera, que es llamado alcántara por el pueblo, y que a menudo se quiebra en parte o se rompe totalmente por el ímpetu de las aguas o inundaciones, por lo que en ocasiones se producen muertes de hombres y peligro para los animales”.

Este puente de tablas estuvo situado aguas abajo del actual, las torres de piedra como apoyo para el tablero fueron derribados a finales del siglo XIV por una crecida.

Al final no se hizo el puente proyectado, y en febrero de 1210, el rey Pedro II reconocía el dominio de los prohombres del concejo sobre la obra del puente de forma exclusiva”.

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Vista del Monasterio de Yuso. — Ambiesta d´o Monesterio Chusano.

Como van con el tiempo justo no les da tiempo de visitar los dos monasterios, así que eligen sin dudarlo el de Yuso, además con visita guiada. El edificio actual fue construido por los monjes benedictinos en el siglo XVI, aquí vivieron hasta 1835. Desde 1878 lo habitan los frailes agustinos.

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Una fachada del monasterio. — Una frontera d´o monesterio.

Entran por la portada barroca que da entrada al monasterio, es de 1661. Continúan por el zaguán de 1689, que da acceso al “Salón de los Reyes”. Aquí está la biblioteca del monasterio, donde está el códice latino del siglo IX –“Emilianense 60”, con las conocidas Glosas o apuntes en los márgenes –escritas un siglo o dos después- en lengua romance, en vascuence y en latín.

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Códice “Emililanense 60”. — Lo codize en custión.

El claustro se empezó en 1549, con bóvedas góticas y formas generales renacentistas. La portada que da acceso a la iglesia es plateresca.

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Puerta de entrada hacia la iglesia. — Puarta dentradera ta ra ilesia.

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Puerta cerrada hacia la iglesia. — Puarta zarrata enta ra ilesia.

El claustro superior es clasicista, con 24 cuadros d José Vexés, donde representa la vida y milagros de San Millán.

La iglesia es la construcción actual más vieja del monasterio. Comenzada en 1504, tiene un retablo mayor con lienzos de la escuela de El Greco, representando a San Millán a caballo en la batalla de Hacinas, en el año 939.

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Retablo mayor de la iglesia. — Retaulo mayor d´a ilesia.

La impresionante rejería es de 1676. La sillería del coro fue realizada por un tallista flamenco en 1640.

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Órgano de la iglesia del monasterio.– Güergano d´a ilesia de ro monesterio.

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Púlpito de la iglesia. — Pedricadera d´a ilesia.

Además, el retablo mayor tiene un cuadro de Juan de Rizzi de 1653, con San Millán de anacoreta y con hábito benedictino.

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San Millán de anacoreta. — D´armitán campasolo.

La sacristía es preciosa, antiguamente fue la antigua sala capitular. Los frescos del techo están muy bien conservados, del siglo XVIII.

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La Sacristía. — A Sagristía.

En el museo conservan las arquetas de las reliquias de San Millán (s.XI) y San Felices (s.XII).

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La arqueta con las reliquias de San Millán. — L´arqueta con relicas de San Millán.

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La arqueta con las reliquias de San Felices.– La arqueta con las reliquias de San Felizes.

En la exposición de “Códices y cantorales”, por medio de paneles, explican cómo era el escritorio: cómo copiaban los libros y qué materiales se utilizaban.

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Antiguo cantoral. — Antigo cantoral.

Para terminan obsersan una estantería con cantorales, 25 volúmenes de 1730.

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Cantorales de 1730. — Cantorals.

Las arcas de San Millán y San Felices son de los siglos XI y XII, respectivamente.

Hacen algunas fotos de los alrededores –los montes Pancrudos también se ven desde aquí-

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El Monasterio de San Millán de la Cogolla. — O Monesterio de San Millán d´a Cocolla.

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M. Martín, el monasterio de San Millán y al fondo, los Pancrudos. — Con o Monesterio y, ta lo fundo, los Pancrudos.

y marchan hacia Matute (15 km.), donde intentarán hacer una pequeña excursión.

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