5.1. Camino del Plano (Nostalgia del Tiempo Pasado)

Desde la fachada del Monasterio de Santa Fé –donde habían aparcado- los Zerris  van con el coche por el camino que tienen justo enfrente, el Camino del Plano, que comunica Cuarte de Huerva con el antedicho monasterio. Este camino ocupa un sitio esencial en los recuerdos y vivencias juveniles de M. Martín, como se verá seguidamente.

Enmedio el chalet familiar del Camino del Plano. Años 80, En meyo lo chalé familliar d’o Camino d’o Plano

Al comienzo de la década de los 70 del pasado siglo el progreso económico permitió el  desarrollo de las capas medias de la sociedad española, que unía sus orígenes rurales, la vitalidad, el empuje renovador y las demandas de satisfacción de las nuevas necesidades que la dinámica social aportaba. Así, se va extendiendo  entre la población toda clase de modernidades y adelantos tecnológicos que nutren el progreso industrial, del sector servicios, etc: televisores, electrodomésticos, viviendas más confortables, y una máquina revolucionaria: el coche familiar, o “turismo”. Con este, las gentes llegan a nuevas posibilidades inimaginables para las generaciones anteriores: libertad de movimientos. Los fines de semana las familias, a bordo de sus “utilitarios”, marchan veloces a hacer excursiones por los alrededores de las grandes ciudades, o a los lugares de procedencia; se generalizan las vacaciones de verano en la playa o en el pueblo.

Explanada del Camino del Plano donde tiraba la Barra Miguel Ángel Martín. Años 80. Planeta d’o Camino d’o chitaba a Barra Migalánchel Martín. Añadas 80

Estas escapadas y la bonanza económica llevan, por lógica, al siguiente umbral: arreglar la casa del pueblo o hacerse con una “segunda residencia” fuera del “barullo” de la gran ciudad. Así que de esta forma la familia Martín-Pardos hacia 1970, con su “seiscientos” viajan los fines de semana por los alrededores de Zaragoza, como buenos y modernos “domingueros”. Hasta que dos años después se les presenta la oportunidad de comprar un “terrenico” con casa y “albergeros” en el Camino del Plano de Cuarte de Huerva.

Miguel Ángel Martín con su madre en el terreno familiar en 1976. Migalánchel Martín con a suya mai en o terreno familliar en 1976

Ese terreno se convertirá paulatinamente en los siguientes años en un chalet con piscina, jardín y huerto; cumpliendo en consecuencia todas los requisitos de la mentalidad pequeño burguesa imperante.

Miguel Ángel Martín ¡barba-ridá!. Año 1976. Migalánchel Martín ¡barbaridá! Añada 1976

Aunque M. Martín colaboraba –de mejor o peor gana- en los trabajos familiares promovidos en el “terreno”, lo que más le gustaba era ir caminado con los “scouts” o, cuando estaba “en el terreno”, por los caminos y parajes de la vega del Huerva, por Santa Fé, o por los montes de Cuarte y Cadrete. Aparte, poco a poco, la familia iba haciendo nuevas relaciones entre los vecinos de otros chalets y también algunos hortelanos del mismo Cuarte. De todos estos, el personaje más curioso que conocieron fue el señor Blas, más conocido como “el tió Macipe”, un cuartano que tenía el huerto cerquica del Huerva, un poco alejado del Camino del Plano, pero que M. Martín enseguida “contactó” con él en sus caminatas. Además, al señor Blas se le conocía por toda la zona por su fuerte y característica voz de baturrico conversador y comunicativo.

Los abuelos Fulgencio y María y los padres de M. Martín en Cuarte, hacia 1973. Os yayos Fulgencio y María y os pais de Migalánchel Martín en Cuarte, enta 1973.

Los abuelos Fulgencio y María y los padres de M. Martín en Cuarte, hacia 1973. Os yayos Fulgencio y María y os pais de Migalánchel Martín en Cuarte, enta 1973.

El chalet completo. O chalé entegro.

A partir de 1975 – cuando estuvo hecha la planta baja del nuevo chalet de los Martín- ya podían dormir los fines de semana en “el terreno”; entonces se dieron cuenta que no necesitaban despertador el domingo pues, pronto de mañana, el vozarrón del “tió Macipe” les hacía espabilar rápidamente…

Domingo, Oscar y M. Martín desayunando en el porche del chalé de Cuarte, hacia 1975. Domingo, Oscar y Migalánchel Martín desayunando en o porche d´o chalé de Cuarte, enta 1975

Domingo, Oscar y M. Martín desayunando en el porche del chalé de Cuarte, hacia 1975. Domingo, Oscar y Migalánchel Martín desayunando en o porche d´o chalé de Cuarte, enta 1975

Claro que enseguida le disculpaban estas pequeñas “faltas”, pues era un viejete con muy buen genio, servicial, hablaba mucho y con todos, y siempre dispuesto a ayudar o aconsejar sobre cualquier cuestión; pero lo que más le sorprendía a M. Martín era su manera de hablar, hay que decir que por esas fechas se estaba aficionando a los temas aragoneses –incluso los lingüísticos- y se fijaba cada vez más en las conversaciones de la gente de edad; eso hacía que se quedara fascinado escuchando a señor Blas: “jada”, “falz”, “glarimas”, “el rete”, “mientres”, “El Aseo de Zaragoza” (ojo!!: en documentos medievales ya aparece así), “veraniar en Salau” o “l’han dedicau una plaza al poyeta d’este pueblo” (se refería a Luciano Gracia Bailo (1.917-1986), del grupo poético “Niké” –como Miguel Labordeta, Rosendo Tello…- que M. Martín ya conocía por lecturas en la revista Rolde) eran algunas de las “perlas cultivadas” que el tió Macipe empleaba a menudo en sus historietas y discursos.

Después del paréntesis de la “mili”, que hizo “voluntario” a los 18 años, nuestro zerrigüeltaire ya se había convertido en un aragonesófilo de cuidado. Ahora ya empezaba a hablar el aragonés recién aprendido (acababa de contactar con los muchachos de la Colla Chobenil d’a Fabla), se había hecho suscriptor de las revistas Rolde y Fuellas, cantaba jotas a menudo y –a resultas de lo que le contaba el tió Mazipe- se había aficionado a tirar la barra… terminó por marchar de propio a Calatorao a comprarse una y ya lo tenías por los descampados del Camino del Plano haciendo sesiones de tirada, a veces acompañado por Mazipe que -50 años más viejo- no se dejaba amilanar ni en estilo ni en distancia de tiro… Corrían el año 1980 y siguientes…en un santiamén.

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