4.2. Monasterio de Santa Fe (Edad Moderna)

Mucho más importantes serán los cambios futuros en Santa Fe, Cuarte y Cadrete en 1610, araíz de la expulsión de los moriscos de la Península; entonces estos lugares –como muchos otros de las zonas reconquistadas- quedan prácticamente despoblados y el monasterio necesitará nuevos pobladores que continuen con los trabajos agrícolas generadores de las rentas que lo sostienen. El proceso de esta repoblación cuajará en 1616, con las escrituras, capitulaciones y cartas de población “pactadas y concordadas” entre el monasterio y los nuevos vecinos de los dos pueblos, en las que se reproduce el esquema feudal medieval con la entrega de casas y tierras a los nuevos habitantes “a treudo enfiteutico perpetuo” (o sea: tributos anuales para siempre); Santa Fe se reservará el derecho de elección del Justicia y Ayuntamiento de cada lugar, la jurisdicción civil y criminal, la capacidad de creación e imposición de tributos, nuevos o tradicionales (“diezmos”, “primizias”, “zena”…) y la propiedad y exclusividad de los monopolios de manufacturas rurales (molinos de aceite y harina, horno de pan, mesón, herrería…) que alquilaba a particulares o al Ayuntamiento de cada pueblo.

La evolución de estas relaciones feudales entre el señorío de Santa Fe y los vecinos de Cuarte y Cadrete en los siglos XVII y XVIII ha sido admirablemente estudiada y descrita por Angela Atienza López (véasela Bibliografía); siendo especialmente remarcables las tensiones acaecidas en los siglos XVII y XVIII entre el monasterio, de un lado, y el pueblo de Cadrete y los poderosos terratenientes zaragozanos –enfrentados a la ambición recaudadora de los monjes- del otro, con resultados bien diferentes en los consiguientes sendos litigios planteados: mientras los que los enfiteutas de Cadrete perdían el suyo, viendo reforzado su vasallaje y dependencia de Santa Fe, los enfiteutas urbanos –pertenecientes a la élite política y económica zaragozana- salían victoriosos, evitándose prácticamente el pago de casi todos los tributos que reclamaban los monjes. Mientras tanto, Cuarte había permanecido al margen de esta judicialización: al ser entonces una población más pequeña que Cadrete, posiblemente no habían tenido fuerzas ni ánimos para enfrentarse a la presión fiscal señorial.

Iglesia del Monasterio de Santa Fe. Ilesia d'o Monesterio de Santa Fe

El progreso económico, fruto de la recaudación de estos tributos y rentas señoriales, permite la construcción de un nuevo edificio que se terminará  en las últimas décadas del siglo XVIII. Por aquellas fechas Jordán de Asso escribía en su “Historia dela Economía Política de Aragón” (1798):

“En Quarte y Cadrete, que son los últimos lugares de la Huerva, la cosecha mas considerable es la del aceite, que no baxa de 16 mil arrobas. Las ubas de colgar, y las duraznillas, que se crían en ellos, son mui afamadas por su delicadeza”.

El profesor Antonio Beltrán decía en “De nuestras tierras y nuestras gentes” (1972):

“La agricultura de Cadrete se configuró como hoy la conocemos por obra de la colonización de los monjes de Santa Fe y de sus vasallos moriscos; el olivo y la vid fueron sus principales objetivos y el regar las tierras casi el fin de todas sus actividades. Así nacieron la acequia del Molinar y el azud de los Frailes o de los Moros…. tantas inquietudes y trabajos tenían como contrapeso la intensa presión que los de Cadrete sufrían de los señores; Jordán de Asso, en el siglo XVIII, hablaba de los gravámenes que soportaban y los calificaba de infelicísimos…. El señorío de los frailes se ejercía sobre los habitantes de Cadrete y Cuarte obligándoles a pagar cada uno un quiñón de trigo por cada cahíz de tierra y de cuarenta a sesenta reales por casa, uno y otros anuales; nombraban además los alcaldes  y el Ayuntamiento, hasta 1.808; tenían además dos coches para el abad, con tres pares de mulas para el tiro y otro con silla, para ir y venir a Zaragoza o a donde les convenía. En 1.808 comenzaron las desventuras del monasterio; la caballería francesa saqueó a los frailes, matando al abad, al cillero y a otros más, a pesar de que les abrieron las puertas. Volvieron los frailes en 1.814 y comenzaron a reparar el abandono y los daños de la guerra; pero en 1.820 se vendieron las tierras en su mayor parte, como bienes nacionales, aunque se devolvieron a los monjes en 1.823, siendo nuevamente despojados en 1.835 al suprimirse las órdenes monacales. La desamortización supuso el principio de la ruina del edificio, que aún se conserva en pie, desafiando el abandono, las grietas y los embates del tiempo….”

En 1998 Miguel Caballú Albiac escribía sobre Santa Fe:

“Del monasterio de “Bernardos” construido en el siglo XVIII sobre el primitivo, los franceses en la guerra de la Independencia con sus balas y, desde entonces, los aragoneses y las aragonesas con su indiferencia, no han dejado más que ruinas vergonzantes…. Ahora ocho familias viven en el interior del recinto amurallado que acaba de cumplir doscientos años, mire Vd. que ocasión para hacer algo.

 

Todo, incluso la gran iglesia, es de propiedad particular. Hasta hace treinta años aún se celebraba misa en la capilla de la Sacristía. Ahora sólo se celebra cada día el casi milagro de que no se caiga la “torre menuda” o se hunda la “torre gorda” como las llama la Sra. Rosa que vive enfrente…. Me dicen que en la cúpula se pusieron un par de millones inteligentemente empleados por el arquitecto Angel Peropadre en detener una ruina galopante…. Es frontera entre Zaragoza, Cuarte y Cadrete…. Lo cuento para excitar la visita al Monasterio, a ver si excitamos el celo de quien corresponda (Aragón todo), y se pone algún remedio a este desastre….”.

Torre e iglesia del Monasterio de Santa Fe. Torre e ilesia d'o Monesterio de Santa Fe

Y 10 años después, en 2008, vuelve con el mismo tema diciendo:

“A pesar de haber comido bien en el restaurante La Muralla, me marcho cabreado de ver que lo histórico-artístico está igual que hace diez años. Sólo progresa lo histérico-urbanístico…. Ahora se celebra el bicentenario de Los Sitios. Pues este es un sitio pero que muy singular, que habrá que esconder de los visitantes de la EXPO….”. También dice que en 2008 todavía viven dentro del recinto “doce zaragozanos” (el Monasterio es término de Zaragoza y pertenece al barrio de Casablanca, pero de murallas hacia fuera es término de Cuarte hacia el Norte y de Cadrete hacia el Sur).

Respecto a los dos pueblos, decir que han corrido mejor suerte que su antiguo “señor”: beneficiados por la proximidad de la capital, desde la década de los 70 del pasado siglo no ha dejado de crecer su población –resultado del espectacular establecimiento de industrias y empresas, a lo largo de la margen de la carretera de Valencia, y a la constucción de urbanizaciones de segundas residencias para las gentes de la capital-. Actualmente Cuarte de Huerva tiene más de 9.000 habitantes y, además del lugar, los núcleos poblados del “Parador del Ciclista”, “Urbanización Amelia” y “Urbanización Santa Fe”. Cadrete casi llega a los 3.000 habitantes y además del pueblo están las urbanizaciones: “Las Colinas”, “Murallas de Santa Fe”, “El Sisallete” (“El Sisalled” en los documentos de los siglos XVII-XVIII) y “Los Olivares”.

Los Zerrigüeltaires entran en el recinto por la puerta de la muralla y –mientras comentan algunos de los temas anteriormente expuestos- van observando el gran monasterio. Prestan atención de que en lo alto de la torre hay un nido de cigüeñas, miran por las hendiduras de una puerta hacia el abandono interior de la construcción y, después de hacerle un par de fotos, se vuelven al coche. Antes de irse, todavía le hacen una última foto a la curiosa portalada de la muralla.

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