12.6. Pancrudo. El Horno

La verdad es que el Horno no tiene pérdida: desde “la Plaza” se va subiendo por la “calle del horno” y, después de un par de vueltas, se llega enseguida.

El Horno pancrudino se dejó de emplear en los años 60, así que, poco a poco, se estaba convirtiendo en ruina.

El Horno de Pancrudo antes de la recuperación. O Forno de Pancrudo antis de l´esbielle

Se ha reconstruido y recuperado como “Sala de Exposiciones” en el verano de 2.009; manteniéndose el horno con la intención de que vuelva a funcionar, aunque sea excepcional o testimonialmente.

El recuperado edificio del horno de Pancrudo. L´esbiellau edefizio d´o forno de Pancrudo

Flor Lahoz explica la historia del Horno pancrudino en un completísimo y documentadísimo artículo (rev. “Pancrudo”, núm. 13), donde describe vivencias personales de su infancia, el proceso de elaboración del pan (diferencia entre “masar” la harina –cosa de mujeres- y “amasar” el aljez  o el cemento –cosa de hombres-), el funcionamiento del horno, quiénes eran los horneros, las variantes de pan, bollos, tortas y pastas que se hacían…

Se incluye un vocabulario específico, algunos dichos y refranes alusivos y hasta algún aragonesismo aparece, como cuando está explicando cómo se masaba:

“…. con la mano metida en la masa hasta el codo y más, había que dar vueltas y golpes a la masa para que salieran “bambollicas”, cuantas más salían, más esponjoso era el pan. Os aseguro que se sudaba de lo lindo, era un trabajo que requería fuerza física y más de un hombre ayudaba a masar, aunque no era algo que se confesaba a menudo….”

M. Pérez en la puerta del horno. M. Pérez en a puarta d´o forno

De los muchos párrafos interesantes del artículo, transcriben estos dos:

“Lo que me llamaba la atención del horno de Pancrudo es que era diferente al que yo conocía de otros pueblos, como por ejemplo Orrios; el de Pancrudo tiene dos “bocas”, aparte de otras dijéramos, ventanitas. Los de Orrios, Rillo, Portalrubio…. tienen una sola boca por la que se metía tanto el pan como la leña. En el de Pancrudo, había una puerta para meter y sacar el pan y otra para meter la leña para calentarlo y alumbrar, debajo había otra puerta para sacar la ceniza que iba cayendo….”

(todo esto referente “al horno nuevo”, hecho en los años 40, pues “el viejo” lo conoció Flor ya en ruinas).

“….El horno abría lunes, martes, jueves y sábado. Cada dos horas iban tres mujeres, según el orden que les había tocado al ir a por el número. El día anterior, o a veces antes, se iba a coger número y te daban unas chapitas en las que ponía la primera, segunda o tercera hornada. A mí me hacía gracia que al horno se iba siempre con la hora solar, o sea, que te decían: “a las siete, que son las ocho”, nunca he sabido por qué razón. Se aprovechaban las horas de la mañana, sobre todo en verano, por lo que el día de ir al horno había que madrugar de lo lindo y no te digo la hornera, que debía calentar el horno antes de la primera hornada, lo que suponía unas tres o cuatro horas de trabajo anterior, hasta que el horno adquiría la temperatura adecuada….”

Por cierto que charrando de pan, existen dos teorías sobre la etimología o significado de “Pancrudo”; una sería la “céltica” o “prerromana”, con el significado de “altura fría” o “meseta heladora”; la otra, la “latina”: “panis crudos”, “tierras verdes” (tardanza en la maduración de cereales). Cualquiera de las dos concuerda con la realidad: el terreno es “fresco” en verano y “crudo” en invierno; y las recolecciones, mucho más tarde que en las tierras bajas.

M. Martín en la puerta del horno. M. Martín en a puarta d´o forno

También por su evidente relación con el tema del pan, queremos transcribir ahora “El Peiro” que Ignacia Gimeno Ejarque publica en la rev. “Pancrudo” nº 8, p. 35:

“El Peiro era un personaje de leyenda que se consideraba causante de la mala cosecha. Así, cuando en una casa no había harina para amasar y tenían que trillar una parva para ir al molino, y de esta manera hacer pan para comer, se decía que había entrado “El Peiro”.

“El Peiro se apareció en el río de Martín, / lo saludé muy cortés, estoy contento de conocerlo. / En Cervera me causan mucho respeto, / en el Pajazo no tanto. / Hacia las Parras me meto, / Rillo, Pancrudo, Portalrubio y Alpeñés, / los hice rabiar un mes. / A primeros de Agosto, malamente me porté. / Una pierna la tengo en Escucha, / que me llega hasta Cabra. / La nariz en Cañizar, / pasa la venta Gargallo. / Los de Estercuel y los de Cañizar se han juntado / a comerse un burro que se habían hallado. / Como el burro era poco y ellos eran muchos, se han quedado con hambre los avechuchos.”

Está claro que se trata del la encarnación del hambre y la miseria que podrían llegar si “venían mal dadas”, si la recolección se echaba a perder por climatología o plagas, etc. Era el mayor de los infortunios, lo que más estremecía a los campesinos. Por los lugares de Aragón tenía diferentes denominaciones, todas muy parecidas: Peiro, Peirod, Pairote, Pedrón, Pairó…A veces, también se convertía en un muñeco que se quemaba al final de Carnaval, acusado de todos los males del año en el pueblo. Había diferentes dichos e, incluso, canciones al respecto:

“a ver si sacamos a Pairó” (hacer la primera masadica de pan, Chiprana);

“En Canfrán está Peirot / más aquí Mariadura / y en Zenarbe ya no masan / por falta de levadura” (Valle del río Aragón)…. etc. M. Martín llega a plantearse una cuestión a este respecto: ¿no tendrá algo que ver esta denominación del hambre, la miseria, la desgracia, con la famosa “guerra de los dos Pedros” mencionada en el capítulo dela Historia de Pancrudo?. Lo dejamos estar…

Pedrón, el diablo del Museo Etnológico del Museo Etnológico del Serrablo, tal vez el Peiro más famoso de todo Aragón. Pedrón, lo diaple d´o Museyo Etnoloxico d´o Sarrablo, talmén lo Peiro más famoso de tot Aragón

Los Zerrigüeltaires observan atentos el edificio del Horno y hacen algunas fotos. Como está cerrado y no saben donde estará el encargado de las llaves, se quedan sin verlo por dentro y, como el sol ya se ha ido, harán enseguida lo mismo y marcharán despacio hacia “El Molino”, echando las últimas ojeadas hacia las casas del pueblo

El horno y la iglesia de Pancrudo. Lo forno y la ilesia de Pancrudo

e considerando que estas dos jornadas pancrudinas han sido bien aprovechadas. Así que, satisfechos, tardarán poco en cenar y acostarsen, pues el día siguiente hay que madrugar mucho para continuar viaje.

Anuncios