8. Zaragoza. Dichos Populares

EXCURSIÓN A UNA TORRE DEL PILAR Y AL BALCÓN DE LA SEDE DEL LIGALLO, EN ZARAGOZA, EL 1 DE ABRIL DE 1985

A los Zaragozanos les dicen “maños”, “cheposos” y “almendrones”.

“Maño”, “mañico” es un diminutivo de “hermano” (como en mejicano, por ejemplo “mano” “manito”).

El mote de “cheposos” se lo pusieron los de Huesca, pues cuando llegaban a Zaragoza e íban a cruzar el Puente de Piedra (el único que había antes) para entrar en la ciudad, veían a todos los que pasaban por el puente como agachados, sacando la joroba, por la fuerza que suele llevar el cierzo en Zaragoza.

El mote de “almendrones”, se lo pusieron los de Jaca, porque dicen que el almendrón es de mucha cáscara y poco fruto, o sea: presuntuosos, que quieren aparentar mucho más de lo que son o tienen realmente.

La ciudad tiene varios dichos populares:

“Zaragoza, Zaragoza, no sabe lo que se pierde quien no te goza”.

“Zaragoza, la novia del cierzo”.

“Zaragoza, ciudad de la niebla”.

“Zaragoza está en un llano,

y la Torre Nueva en medio,

y la Virgen del Pilar

a las orillas del Ebro”.

“Barcelona, la rica: Zaragoza, la fuerte; Valencia, la hermosa”.

“Zaragoza, para quien la goza”.

“De Zaragoza, ni caballo ni moza”.

“En Zaragoza se tienen nueve meses de invierno y tres de infierno”.

“Porque habito en el Rabal

me llaman la rabalera

en siendo de Zaragoza

que me llamen lo que quieran”.

Vista del casco viejo de Zaragoza con el Torreón de la Zuda y torre de la iglesia de San Pablo desde una de las torres del Pilar

Hay una leyenda con diferentes versiones que dice:

“San Pedro, que viajaba con Jesucristo, preguntó a un aragonés: ¿Adónde vas?,

Éste res­pondió: A Zaragoza.

San Pedro dijo: Hom­bre, si Dios quiere.

Y el aragonés: Que quiera o no, voy a Zaragoza.

Jesús convirtió al aragonés en rana y lo echó a un charco.

Pasaron muchos siglos y Jesucristo volvió al aragonés su primitiva forma, y al preguntarle otra vez el Apóstol: ¿Adónde vas?,

el aragonés contestó sin vacilar: A Zaragoza o al char­­co”.

Otra versión es esta:

Iba un baturrico cara pa Zirigoza y se l´alcuentra San Pedro (otros icen que Jesucristo, u bien uno de los arcangéles) y le pregunta:

¿dónde va buen hombre?

– yo?, a Zirigoza

– eso será si Dios quiere, no?

– quiera u no quiera, yo, pa Zirigoza que voy!

Entonces San Pedro lo güelve rana, ice que, lo echa a un charco y, a los cien años clavaus, lo güelve otra vez a su ser:

– ¿adónde va el hombre?

– a Zirigoza

– si Dios quiere será…

– eso rai!, yo, a Zirigoza voy…

Torna a golvélo rana y, a los cien años, se repite la operación:

– ¿adónde va, pues?

– rediós!, pues… a Zirigoza u al charco!

De ahí que se haya quedado esa famosa frase: “A Zaragoza, o al charco”.

El escritor aragonés Baltasar Gracián decía:

“En Zaragoza, hasta la misma locura tiene cura”.

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