5. El Castillo de Loarre. Historia

EXCURSIÓN A LA VILLA Y CASTILLO DE LOARRE EL 31 DE MARZO DE 1985

El castillo fue construido en el siglo XI, aunque en ese sitio donde se encuentra fue primero un castro íbero, y después una fortaleza romana que los historiadores admiten que pudiese ser “Calagurris Fibulariensis”.

Cúpula de la capilla del Castillo de Loarre. Cupula d\'a capiella d\'o Castiello de Lobarre

El edificio (la torre del homenaje, la de la Reina y la iglesia de Santa María) lo mandó hacer el rey Sancho III el Mayor, para frenar los ataques contra la vecina localidad de Bolea; principal plaza musulmana de la zona, con Ayerbe.

Durante el reinado de Sancho Ramírez amplían el castillo y se funda en 1071 el monasterio de San Pedro, de estilo románico jaqués. A partir del siglo XII el castillo cambiará de manos por algunas veces vendido a y nobles y gente ilustre por los reyes aragoneses.

Esta fortaleza fue la capital de la revuelta se centró la rebelión encabezada por Jaime de Urgel y capitaneada por Antón de Luna, en el año 1413, contra Fernando I de Aragón, (Fernando de Antequera), que había sido elegido rey en el Compromiso de Caspe.

Miguel Ángel Pérez en cuclillas encima de una de las torres del Castillo de Loarre. Migalánchel Pérez en cocletas denzima d´una d\'as torres d\'o Castiello de Lobarre

Don Antón de Luna y su hermana doña Violante (abadesa del monasterio cisterciense de Trasobares) fueron encarcelados por el ejército real, dirigido por Pedro de Urrea, y siguieron presos varios meses en Loarre. Al fin la abadesa quedó libre por influencia del Papa Luna.

A finales del siglo XVI el castillo quedó abandonado completamente, pero continuó bajo alcaidía de los Urriés de Ayerbe, librándose del desmantelamiento decretado por Felipe II, I de Aragón.

Miguel Ángel Mart�n y Miguel Ángel Pérez en situación comprometida en una torre del Castillo de Loarre. Migalánchel Mart�n y Migalánchel Pérez en a pinganeta, n´una torre d\'o Castiello de Lobarre

Como despedida del castillo, reafirman los sentimientos de dos escritores aragoneses que expresan con pocas palabras lo que les sugiere el castillo de Loarre:

Pedro Arnal Cavero decía del castillo:

“Para verlo basta una hora;

para admirarlo, un día;

para estudiarlo, un mes;

para sentirlo, comprenderlo y

amarlo hay que visitarlo diez veces”.

Ramón José Sender comentaba también:

“En Loarre se siente uno satisfecho de ser aragonés y orgulloso de un pueblo que haría honor a los pueblos más nobles de Europa”.

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