10. Regreso improvisado

Se hacen fotos con el murcianico –trabaja de taxista-, que ha llegado hasta aquí sin ningún problema. Los Zerrigüeltaires piensan que la bajada por la Senda de los Cazadores puede ser bastante peligrosa y, como además, no tienen el coche en el aparcamiento, deciden –inesperadamente y haciendo honor a su mote- intentar subir por detrás hacia la Sierra de las Cutas y enlazar por aquí con la pista que va de Nerín a Torla.

Se despiden del murciano -que ha demostrado ser un caminante sufridor ejemplar, con sus sandalias- confiando que todo les salga bien a todos.

M. Mart�n, “el murciano” y M. Pérez en el mirador de Calcilarruego en Ordesa. M. Martn, "o murziano" y M. Pérez en o miralguán de Calzilarruego

Los Zerrigüeltaires, con unas pequeñas dosis de aventura e imprudencia, empiezan a subir. Al principio por un camino poco marcado, después como dicen ellos: “campo a través”. Se olvidan del paisaje, sólo piensan en llegar arriba como sea y tiempo, sudor y algún momento complicado van a tener. Al final, –cansados pero gozosos- llegan al lado del monte Punta Acuta (2.237 mts.), casi con los últimos rayos del sol; justo a la vez observan una manada de sarrios entre 15 y 20 –incluyendo cabras, cabritos y cabriticos- que no pueden fotografiar, pues ya no les quedas fotos. No descansan nada porque quieren coger la pista que les llevará a Torla; en que la encuentran, se relajan y mirándose con complicidad comentan: “cuando sea, ya llegaremos”.

Antes que se haga de noche se paran a cenar. Esta noche es clara y serena, todo es bajada y por la pista se dejan llevar sin prisa; no ven peligro y se encuentran contentos.

De vez en cuando hacen un descanso, como en la fuente de Gradieto o junto a la ermita de Santa Ana. A estas alturas –paralelos al Barranco Diazas- ya se les empieza a hacer la pista interminable, y aunque siguen bajando, no llegan a ver Torla aún. Cuando ya por fin atisban las luces del pueblo, la pista se desvía hacia la derecha durante bastante distancia, empezando a sospechar que esa extensión tan larga, en algún momento habrá que volverla a realizar.

Pasan por la Trabinosa y el Barranco del Lobo y –al fin- la pista gira a mano izquierda al Barranco Furigón. Tienen unas ganas tremendas de llegar, pero aún tienen que cruzar el río Ara por el puente de las Gleras. Después de haberlo hecho, les va justo en un último esfuerzo, realizan el último Kmt.; llegando al cámping alrededor de la una de la madrugada. Están tan exhaustos de la interminable caminata –de treinta y tantos kms- que tardarán bastante tiempo en dormirse.

27-7-1985. Se levantan tarde, han descansado y dormido, pero aún así se notan bastante molidos y maltrechos. Los Tocayos enseguida encuentran al murciano, y que les cuenta que la bajada de la Senda de los Cazadores había sido muy dura y terminó con los pies magullados, pero que ahora los tenía mejor.

Están durante un buen rato charlando cordialmente y, al fin, se despiden con mucho afecto.

Los Tocayos recogen la tienda de campaña y comen. Al poco rato emprenden la vuelta a Zaragoza.

RESUMIENDO: ¡Qué días más completos han tenido y qué experiencias más inesperadas han vivido! El Valle de Puértolas muy bonito, y mayormente el pueblo de Bestué. En el hermoso Valle de Vió todos los lugares les han dejado huella. Pueblos y gentes que mantienen como pueden las formas de vida tradicionales en armonía con la naturaleza que les rodea, como asimismo su patrimonio cultural y linguístico. De Ordesa, qué van a contar, los maravillosos paisajes han sido compartidos con un simpático murciano. Y los Zerrigüeltaires, en su línea: “la cabra, siempre tira al monte”.

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