9. Joaquín Costa

Joaquín Costa nace en Monzón el 14 de septiembre de 1846, pero pasa su infancia y adolescencia en Graus, de donde procede su familia. Destinado como hijo mayor –de un total de once- a continuar las labores agrícolas familiares, una grave enfermedad muscular, que padecerá durante toda la vida, le va a privar de acometerlas. Con una sorprendente fuerza de voluntad y superando la penuria económica, consigue estudiar Derecho e Historia (Filosofía y Letras) y logra ganar en 1888 ganar por oposición la plaza de notario.

Retrato de Joaqun Costa con vista al paisaje de Graus. Cuadro de J. Suárez Pelegrn en Minist. Hacienda. Madrid. Ritrato de Chuaqun Costa y paisache de Graus enta´l fundo. Cuadro de J, Suárez Pelegrn en Minist. Hacienda. Madr.

Joaquín Costa se define a sí mismo como “un labriego aragonés forrado en intelectual”, y dice “si no puedo estudiar, no quiero vivir”.

Autor de una extensa obra -los escritos de él versan sobre derecho, historia, notariado, geografía y colonialismo, economía, agricultura y regadíos, literatura, antropología, dialectología, política y educación- en el que sobresalen entre sus muchos libros “Colectivismo agrario en España” y “Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España”, defiende un ideario regeneracionista enfrentado a la corrupción política. Cree en una política de aguas, después puesta en práctica, se relaciona con la “Institución Libre de Enseñanza” e interviene en política con poca suerte.

Costa se adelanta a algunos de los problemas que en esos momentos comienzan a aparecer: políticos, económicos, sociales y culturales, la relación entre el Estado y la Sociedad, la soberanía popular en una sociedad de masas, los límites de la participación política en democracia, el respeto al desarrollo de los pueblos conforme a sus tradiciones y modos de vivir equilibradamente con la Naturaleza….

Es capaz de plantear valiosas intuiciones respecto a la historia de las hablas altoaragonesas, y, a la vez, lograr interesar a importantes romanistas franceses, como Morel Fatio y su discípulo Saroïhandy, en el estudio de las hablas vivas pirenaicas.

Costa recogió un dicho sobre los de Graus:

“Bona chen la de Graus.

¡Bona chen! No pot sé,

de Graus son los arrieros

trafollas y embusteros”.

Referente al río Ésera que pasa por la villa, comenta:

“He vivido tres años a orillas de ese río, en el punto donde le tributa sus aguas el Isábena y juntos se despeñan, sobre lecho de roca, en demanda del somontano, robusteciendo el rumor de sus olas alborotadas, preñadas de promesas alentadoras, con el eco fragoroso de las dos peñas gigantes, el Morral y las Forcas, que los encajonan y oprimen”.

Al buscar un ejemplo histórico y real de régimen de libertad civil, surge en su pensamiento el Derecho aragonés: “el más libre de Europa”, y comenta que “Aragón no se define por su guerra: se define por el Derecho.

Sobre las virtudes que resalta de los aragoneses:

La austeridad, la serenidad, la paciencia, la perseverancia, el sentido de la dignidad, la franqueza, el corazón en la mano, el alma en los labios, el culto a la justicia, el recto sentido de la realidad, la tenacidad en los propósitos, la prudencia y el arte en el obrar y el tacto de la vida. El pueblo aragonés es pueblo de escasa palabra pero de mucha acción. El “estilo aragonés” es vivo, conciso, sentencioso, enérgico, más amigo de concentrar diversos conceptos en una frase que de comentarlos y diluirlos; poco amigo de retóricas y de amplificaciones y más atento a la profundidad del pensamiento”

Diversas frases de Costa relacionadas con Aragón:

“Aragón es el órgano político de la nacionalidad en cuanto a la colectividad, pero Aragón es un pueblo sin hombres en cuanto a lo individual”.

“Los pueblos no abdican fácilmente de su pasado, que sería abdicar juntamente de su porvenir”.

“Necesitamos conocernos, necesitamos conocer nuestra psicología colectiva”.

Aragón se ha ido sensiblemente desnacionalizando por el espíritu”.

Cansado, decepcionado y con salud escasa, se retira a Graus, donde pasará los últimos años de su vida, muriendo el 8 de febrero de 1911. El Gobierno desea enterrarlo en Madrid, en el “Panteón de Hombres Ilustres” pero los aragoneses no lo permiten. Su entierro en Zaragoza es una impresionante manifestación popular. En España lo han tenido todo el siglo XX como modelo ético de sabio, íntegro y honrado.

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