7. San Pelegrín

Por la tarde se dirigen a conocer San Pelegrín, un pueblo que quedó abandonado a principios de los años 70. Las últimas casas habitadas fueron casa Grasa y casa Zebollero.
Iglesia del pueblo deshabitado de San Pelegr�n.
San Pelegrín (Antrotopónimo latino “Peregrinus”, al parecer vinieron de Francia), se encuentra en un alto de los extremos orientales de la Sierra Sevil, a unos cuatro Km. de Alquézar. Se sube por una pista que va por la Loma San Gregorio, Martineta, A Zelada y A Cruzeta. Desde aquí arriba se ve una magnífica vista de Alquézar y su Colegiata. Dando vueltas por el pueblo se encuentran a un pastor joven y fuerte con su rebaño; les dice que no vive aquí, pero que tienen casas y propiedades agrícolas en San Pelegrín; que no vive nadie de continuo, pero que de vez en cuando están algunos franceses de esos que les gusta mucho barranquear por los barrancos de los alrededores y han comprado dos o tres casas del pueblo.

Cruz de la plaza de San Pelegr�n, detrás casa Fierro, casa Cebollero y, seguida, ya más envejecida la escuela-abad�a. 1989.

Tenían un dicho con algunas variantes:

“San Pelegrín, pocos y de mal abenir,
uno que binió
o diablo de Alquézar se lo llevó”.
“San Pelegrín, puerto de mar,
ni perros ni gatos pueden aturar
y una bieja que aturó
el diablo se la llebó”
“San Pelegrín, puerto de mar
que ni perro ni gato puede abitar.
Uno qu’en abitó (l’agua) o diablo se lo llebó
y otro que’n abitará (l’agua se lo llebará) a mi me tocará”.
El Barranco de la Valle Clusa del r�o Vero desde el monte de San Pelegr�n, 1989. El señor Pascual con Migalánchel Mart�n en una de las excursiones. Retrato de 1989.

Poco se podía figurar el Zerrigüeltaire Migalánchel Martín, en aquellos momentos, que ese verano de 1984 iba a conocer -en la sede del Ligallo de Fablans- a una persona 20 años más mayor que él y con quien haría una gran amistad, basada en las comunes aficiones bibliofilicas aragonesistas. Con este señor, llamado Armando Otero Ruiz, conocerá en Zaragoza algunos años después a uno de los últimos habitantes de San Pelegrín, señor Pascual Grasa, y emprenderán –gracias al entusiasmo y frenética actividad de Armando Otero- la aventura de grabar en cintas todos los recuerdos de la vida del señor Pascual en su pueblo. Esas grabaciones serán el origen, años más tarde, de un grandioso volumen: “Acordanzas de San Pelegrín”, escrito por otra persona de esa redolada, Chesús Mostolac Cereza (de Casa Mostolay de Adahuesca). Al principio de ese libro aparecen –como presentación o prólogo- unas “palabras de delante” de Migalánchel Martín que reproducimos a continuación, por estar un buen resumen explicativo de toda esta “movida”:

Chesús de Mostolay escucha los últimos recuerdos de San Pelegr�n al señor Pascual en una de las muchas visitas hechas a su domicilio del Actur de Zaragoza. Retrato del 9.11.1999.

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