1. Adahuesca-Juana Coscojuela

ALQUÉZAR Y SOMONTANO DE BARBASTRO DEL 19 AL 23 DE ABRIL DE 1984

En esta Semana Santa quieren conocer el aragonés somontanés, la villa de Alquézar y otras poblaciones del Somontano de Barbastro. La novedad es que van a estrenar una tienda de campaña que se han comprado hace bien poco.

Hoy, jueves 19 de abril de 1984, salen en tren hacia Huesca, donde se montan en el autobús destino Adahuesca.

Adahuesca (“Abosca” o “Abuaska” hacia Huesca u “Otobesken”, de “oto”: alto y “osca”: poblado -pueblo en lo alto- es una villa del Somontano de Balbastro situada a 616 mts. de altitud y a 40 kms. hacia el Este de Huesca capital, la forman dos núcleos: Adahuesca y el despoblado de Sevil. Tiene 200 habitantes, más o menos, dedicados a la agricultura y ganadería. Destaca casa Loscertales de los siglos XVI-XVII y los monumentos más importantes son la Iglesia Parroquial barroca y la Ermita de Nuestra Señora del Treviño de finales del siglo XII y principios del XIII.

M. Pérez delante de la villa de Adahuesca.

A los de Adahuesca les dicen “gabachos” y además varios dichos y coplas:

“Gabachos son
sí que son,
sí que son…”
“Mía si he corrido mundo
qu’he estau en San Pelegrín,
en Radiquero y Adagüesca
y en el Mesón de Sevil”.
“Una agüela se pedió,
en a punta Sierra Guara,
y en Adagüesca tocaban,
pensando que era tronada”.

Hace poco que han leído un libro impresionante editado por el Consello d’a Fabla aragonesa titulado “A Lueca A historia d’una mozeta d’o Semontano”. En este libro, la autora, Juana Coscojuela cuenta en somontanés las vivencias de su infancia en Adahuesca y en el Santuario de la Virgen del Treviño, durante los primeros años del siglo XX; posteriormente, emigró a Barcelona.

Juana les hace sufrir y conmover por su espontaneidad a puro de espontaneidad y la veracidad de esa lucha por la vida sufrida en la infancia, igual como tantos otros aragoneses del medio rural. A continuación, una pequeña muestra:

“No sabébanos o que yeran chuguetes, á no ser por os que teneban os críos d’as casas ricas, pero yéranos mañosos pa fé-nos bajilla de bardo. Cuando plebeba y al ser a tierra buralenca, formábanos: orteretas, cazuelas, pucheros, platos, porróns, sartenetas y otras cosas. Las metebanos à secar, pero se cuartiaban todas. Al chugar, si se daban güelta u se caeban, ¡adiós cazuela!

Os zagals, se feban carros u bulquetes con tablas. ¡iziban carros!, pero yeran unos cajonachos qu’arrastraban con una cuerda. As calles, empedradas de ruellos, al arrastrá-los por enzima, feban un estrapaluzio que os perros d’o lugar se reboluzionaban lladruquiando. Tamién chugábanos con tabas (güesos de cordero), de cuatro caras planas que, mientras en echas una en l’aire, le bas dando güelta a d’o suelo; y à pitos, pero en teneban pocos críos: al ser de cristal y tené-los que comprar, no abundaban.

Os pobres, cuasi siempre chugábanos con cagaletas de o ganau.

Bel año que papa iba ta feria de Uesca, le pedíbanos que nos trajiese un chuguete, y nos contestaba:

-O que tos trairé será un sí señor y un mande usté.

Y ye que no podeban sofrir que dijiésenos sí u no. Eba que izir: sí señor y no señor”………..

…………. “T’a escuela sólo íbanos asta os siete u ocho años, y de Pascuas a Ramos. Papas, que no eban íu nunca, iziban que yera cosa de ricos, y que o que nos daría de comer, yera treballar. A maestra, Doña Petra, yera biella y sorda como una tapia. Ya no estaba pa cuentos. Si bel día por cuasolidá, mama nos mandaba t’a escuela, íbanos más à la fuerza que si nos mandase t’o monte. A pobre muller, yera corta de bista y llebaba antiojos, así que otilábanos y cuando estaba espiguardada, l’en fébanos de l’altura d’un campanar. Dende su sitio miraba por enzima d’as antiparras. Siempre me cogeba en l’ajo chugando y enredando. Teneba una caña gorda y larga que llegaba à toz os sitios, con una raíz gorda com’una toza. Nos bieba tan entreteníus que la gozaba repartiendo cañazos en as cabezotas que le beniban à mano. Nos feba tanto mal que plorábanos à glarima biba y amargamente, pero sin chilar. ¡No eba miedo de que golbiésenos à enredar ni à sentíse una mosca asta que salíbanos. Pero íbanos bien señalaus: a mayoría d’as bezes nos manaba sangre d’os foratos que nos feba.

As pocas bezes que nos daban suelta, chugábanos à un chuego que se llamaba: à “lebantar zebollino fino”. Consistiba en encorré-nos y lebantá-nos as sayas pa bié-nos o culo”………….

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