2. Subiendo el Puerto de Bujaruelo

Los Tocayos descansan un ratico y ya que están se aclaran respecto al camino que tienen que tomar. Pasan por el mencionado y bonito puente medieval y se dirigen despacio por el camino elegido, subiendo buena cuesta por entre medio de un bosque de tejos.

De aquí hacia delante, bajo los últimos rayos de sol de la tarde, el camino transita por una pequeña barranquera húmeda, en la que se van alejando de los árboles y se inicia la zona pastizal, aquí los Zerrigüeltaires empiezan a notar excesivamente el peso de la mochila, lo cansados que se encuentran y además Migalánchel Martín no ha dormido nada la última noche, porque ha estado trabajando. ¡Vaya cuerpecico!. Acto seguido llegan junto a una línea de alta tensión que estropea el maravilloso paisaje y, con cierto temor por el ruido y el peligro, pasan por debajo de ella.

Migalánchel Pérez, ¡qué majico!, subiendo al puerto de Bujaruelo. Migalánchel Pérez, ¡ qué bian plandato! puyando ro puardo de Buxargualo

Continuán el camino por unos prados con una cierta inclinación cuando empiezan a dudar de si van derechos, o se han perdido; además se está haciendo de noche. Asombrados e inocentes y sin noción de cómo han llegado a este punto, comienzan a asimilar con la mayor tranquilidad que como no tienen terreno llano para extender los sacos para dormir, la luna brilla, el cielo es limpio y el tiempo de verano: lo mejor es asumir la situación y, al menos, descansar.

Cogen la mejor postura posible sentados en el pequeño desnivel de la hierba, no lejos de un barranco con abundante agua. A través de los últimos destellos de la luz del día disfrutan de la vista de un paisaje silencioso en calma y sosiego totales.

Solo se escucha el lejano murmuro del agua del riachuelo arrastrándose por las piedras. Cenan con la mayor placidez, sabiendo bien lo que les queda por delante. El Tocayo Migalánchel Martín barrunta que va a ser la segunda noche seguida sin dormir, y además de hablar con su Tocayo de lo divino, de lo humano y cantar jotas, casi al alba, sintiéndose desvelado, hiperactivo y excitado, emprende una caminata por el monte de enfrente. Para poder subir mejor por la pared casi vertical se va agarrando a la hierba y arbustos, llegando hasta un collado, donde ya amaneciendo, se encuentra a unos pastores de Torla con cientos de vacas y terneros. Le comentan que se dirigen por el Ibón de Bernatuara a Gavarnie. (Por aquellas fechas los Zerrigüeltaires desconocen que los pastores de la Bal de Broto tienen derechos establecidos desde hace siglos para pacentar en algunos terrenos de la vertiente francesa fronteriza con su valle; además de otros convenios económicos, de paz y de buena vecindad, según la “facería” o “pacería”, tratado firmado por los valles de Broto y Barèges en 1390).

El Tocayo ve allá abajo a Migalánchel Pérez y lo llama gritando para que suba con la máquina de fotos, pero éste no oye nada, pues se ha acercado a una cascada de agua. Migalánchel Martín decide entonces volverse, bajándose por un sitio más placentero, llegando cansado pero contento de la gesta efectuada. Mientras el sol ya rebota en los picos y cumbres y va ganando terreno, comentan que ésta ha sido una noche muy especial. Puede ser que hayan sido insensatos e imprudentes pero, ¡si no hacen pifias cuando son jóvenes…!

29-7-1983. Después de desayunar muy relajados pero muy cansados, no se les ve con mucha prisa en ponerse de nuevo en marcha. A media mañana empiezan a caminar muy despacio, les cuesta mover las piernas y la mochila les pesa todavía más que ayer, además creen que les falta más de la mitad del puerto.

Migalánchel Pérez haciéndose el interesante camino del puerto de Bujaruelo. Migalánchel Pérez fendo-se ro fachendero cam�n ta Buxargualo

Poco a poco van ascendiendo, avistan nieve, bonitos paisajes y los paredones de Comachibosa o Vignemale y del Gabieto.

Collau de Buxargüelo y Os Gabietos. Afoto Fernando Carmena. Asoziaz. Amigos d’as Eras de Fraxén

Cuando llegan por fín al puerto de Bujaruelo o Boucharo 2.273 mts. de alt. -como dice el cartel puesto allí-, ¡Oh, sorpresa!; ven una carretera francesa que llega hasta la misma frontera y media docena de coches aparcados.

La vista es admirable, Tendeñera al Oeste, la zona de Vallée des Pouey Aspé y de Gavarnie al Noreste y otras montañas y valles desconocidos.

Deciden comer primero y después, tranquilamente y con suerte, intentar hacer autostop para que les bajen a Gavarnie, pues no están para muchos trotes.

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